Mostrando entradas con la etiqueta noche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta noche. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de noviembre de 2008

Pasión, que te me desbordas...


Es la pasión que supone un viaje magnífico, nos descubrimos nosotros mismos, y aunque no nos guste, es nuestro propio rostro el que encontramos.

Y esto a lo que nos negamos, por esas costumbres de buenas señoritas, para ser buenas señoras, ser reconocidas respetadas y bien vistas,... son un corsé que cada día nos tiran más las cintas y nos dejan sin aire.

La pasión gana la pulseada, siempre.

Y nos desatamos el pelo, y abrazamos con fuerza y nos hundimos en bocas, y nos despertamos felices en una cama ajena con sábanas húmedas y revueltas, después de desatar mil batallas nocturnas, y un día de lluvia es una fiesta y no es más un caos, y el día es bello y nosotros, indiferentes al que dirán, que nada aporta.

La pasión, ésta que brota, y nos rompe reglas hasta las mas intituídas, es el motor, del noble caballero, o del asesino que nos apuñala por la espalda.

Y aunque los resultados sean distintos, esa pasión los entremezcla igual que en una vidriera de mercado donde se ve finísima platería junto a un enano de jardín.

Ambos en un punto, están juntos en la vidriera de los cambalaches.

Y nos transformamos mágicamente en inocentes y en culpables, en víctimas o verdugos.

Pero, por esa abrumadora pasión, nos conocemos como somos, y aunque nos tome mal parados, tambaleando sostenidos por pocas cosas y efímeras....

Es probable que descubramos que no somos, quien creíamos ser,... una vez más irónicamente nos cambiaron el espejo, mientras distraidos vivimos con un desconocido en nuestro propio cuerpo.

Y cuando quedamos a solas, cerramos los ojos, y la pasión nos murmura al oído, que cuando sea imprescindible volver, ella es el camino.

Así sea, efímera, tanto o más escurridiza que la mismísima felicidad.