
Me entrego al holocausto de los peces
a la duplicidad de la fatiga
y al que vacila lento mirándose los pies.
Inventé palabras para suplir tu nombre
con estas manos tracé tu dimensión
caminando desnuda encima de los puentes.
Nos dimos a la fuga terminada la borrasca
y compartimos juntos el pan de esta locura.
Estoy en la curva de mis aspiraciones
al cerrar tu eslabón seguro viviremos.
Le caeré a bastonazos a la noche.
Tanto amor no cabe entre mis puertas.
G. Rodríguez.














