



Cada vez que la taquicardia de la ciudad me reclama, me pongo sin pensar las manos en la cintura, salgo afuera, miro al cielo, accedo a irme sin ganas, y misteriosamente al rato llueve...
Encontrar el pulmón de respiro en cosas tan simples como una fogata al anochecer, darle de comer a los animales, despertarse con un desayuno en compañía y mateadas interminables, son cosas que duele dejar.
Todos encontramos un lugar el el mundo, alguna vez, como refugio como descanso, como milagro, lugares tal vez no muy populares, pero bellísimos, y que cuando uno pregunta... porque no mejoran los caminos, la respuesta está en el silencio mismo, y en un abrazo cálido.
El Edén no tiene caminos fáciles de llegar, cuesta llegar, ahí todo cuesta, pero el placer de lo ganado, es todo un festejo!...
Festejo con sonrisas, con asados, con fogatas, con vinos y picadas al atardecer, con gente maravillosa, donde el trabajo es sudor, pero de verdad!...ahi está el Edén, por ahí queda...
Puedo llamarlo si quiero El Edén, el pulmón, un lugar en el mundo, un refugio, la paz perfecta.... puedo ponerle mil rótulos, de cualquier foma me quedaré corta siempre.
Solo sé que cada vez que la taquicardia de la ciudad me reclama, se oscurece el cielo y llueve, por dentro y por fuera mío, y cuando parto, miro hacia atrás con la promesa de volver, donde habita mi felicidad, mi pulmón, el abrazo sincero, mi amor, mi Edén, mi paz perfecta.














